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EL PLENO DEL AYUNTAMIENTO DEL MES DE JULIO, PRIMERA PARTE
Artículo publicado en la edición de octubre de la Crónica de Piloña.
1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la Ley.
2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.
3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.
Actualmente, aunque hemos mejorado, eso creo yo, debemos seguir esforzándonos para conseguir que esta Iglesia terrenal se asemeje al deseado por Dios. Para empezar, debemos decir la verdad siempre, aunque podamos salir perjudicados. Pero eso ya lo tendríamos que tener bien asumido porque, aunque se diga lo contrario, Jesús no vino a traer la paz sino la guerra por causa de la verdad (San Mateo, Capítulo 10, versículo 34). Esta guerra o estos enfrentamientos son originados como reacción a decir la verdad y difundir los Evangelios. Por eso, como dijo Jesús, se iniciará (se inició, como se puede comprobar) una persecución contra el Evangelio (San Mateo Cap. 24, vers. 9). Razonamiento que resulta obvio, no porque lo haya dicho Él, sino porque decir las verdades a la gente no suele gustar demasiado, o se encaja muy mal, y también es normal que el poderoso intente conservar su poder aplastando cualquier cosa que crea que le supone un peligro a su estatus.
Por todo esto debemos exigir a nuestra Jerarquía que diga las cosas como son, y no ser ambiguos para ciertos temas para conseguir del Estado más beneficios fiscales, o, creyendo que así se ganan más adeptos, dulcificando la realidad de los Envangelios, vendiendo al personal que todos somos hijos de Dios, cuando no es así, ya que sólo lo son los que cumplen la Palabra de Dios (San Juan, Cap. 8 vers. 31 a 59), y que de las pocas obligaciones que tienen el católico es dejar dinero en la colecta y marcar la X en la casilla de la declaración de la Renta. Porque parece ser que obligaciones no debemos de tener porque los mandamientos, según un sesudo sacerdote, no son mandamientos sino recomendaciones. Pero no sólo debemos exigir más a la Jerarquía sino a nosotros mismos como miembros de la Iglesia. No tengamos la tentación de eludir responsabilidades.
También quiero dejar claro, ya que alguno tiene la osadía de utilizar a los macabeos (Antiguo Testamento) como fundamento de sus tesis, que la base de nuestra fe reside en los Evangelios, es donde consta las enseñanzas de Jesús. Y tomar con cautela el resto de escritos del Nuevo Testamento, sobre todo las epístolas, que fueron redactas por los apóstoles fundamentalmente para los gentiles de aquella época. Es decir, que se deben entender en su contexto histórico, no intentar extrapolarlo a la actualidad.
Para acabar, me gustaría que reafirmar mi tesis de que ninguna religión debe ostentar carácter oficial de ningún Estado, no sólo porque Jesús dejó claro que su reino no es de este mundo, y que al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, sino porque de esta manera nos evitamos conversiones forzosas o interesadas, que en España sabemos, o deberíamos saber, los problemas que dio el fenómeno converso. Así cada uno tiene sus creencias y que viva su vida como crea conveniente. Nosotros los católicos debemos de vivir nuestra fe de manera plena y sin ambigüedades. Y al que no le guste, pues que apostate.
En cuanto al editorial de El País, he de decir que me sorprende negativamente cómo fundamenta su objeción al Magistrado Carlos Dívar, sobre todo cuando sostiene que “no pasa por ser un jurista de reconocida competencia y no se le conoce afinidad alguna con las opciones de política judicial del partido gobernante; aunque tampoco se le conoce afinidad de signo contrario” y “se le reconocen virtudes que adornan al buen juez: prudencia, discreción y distanciamiento de opciones políticas concretas. Y como presidente de
Sólo le faltó afirmar que Dívar era abiertamente partidario de quemar herejes por la gloria de Dios. Si no fuera porque es un editorial de un diario con una tirada tan importante, era para tomarlo a broma. Esa afirmación demuestra una ignorancia absoluta de los conceptos básicos del catolicismo. ¿Cómo se puede confundir el concepto que tenemos los católicos de justicia divina, referente a la que va a haber después de esta vida, con la justicia en este mundo?¿No se han mirado un pasaje evangélico, entre otros muchos, en el que Jesús dice que “a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César”? ¿O cuando dice que “mi Reino no es de este mundo”? Por eso lo que afirmó el señor Dívas no es nada anormal en una persona creyente y, desde luego, es totalmente falso que tenga ningún concepto teocrático del Estado.
