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miércoles, 14 de abril de 2010

EL BOCHORNOSO ACTO DE LA COMPLUTENSE


















No critico que en el acto de ayer en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid saliesen en defensa de Garzón. No critico que lo hagan falseando la realidad, omitiendo intencionadamente que no se le va a juzgar por intentar investigar el franquismo. Lo censurable de ayer, lo realmente repugnante, es que ataquen de la manera más vil y rastrera a nuestras instituciones democráticas, en este caso al Tribunal Supremo, que podrá tener fallos pero merece un mínimo respeto que ayer le negaron.

Pero para mayor vergüenza fueron las declaraciones de Jiménez Villarejo, ex fiscal anticorrupción y ex fiscal franquista (entró en la carrera fiscal en 1962), que no tuvo reparo alguno en soltar semejante disparate:

"Los magistrados del Tribunal Supremo han dado un golpe brutal a la democracia española convirtiéndose en instrumento de expresión del fascismo español. El juez Varela [instructor del caso] hablaba de la encomiable sensibilidad de los jueces del Supremo hacia los crímenes de la dictadura. ¡Pero si formaron parte del TOP [Tribunal de Orden Público] hasta el año 76! ¡Fueron cómplices hasta el último día de las torturas de la Brigada Político Social que muchos de los que están aquí han sufrido (...). Y ahora se han puesto en manos de Falange. ¡Me produce bochorno!". Fuente El País.

Por cierto, ¿cómo pudieron formar parte de ningún Tribunal de Orden Público, el Magistrado del Supremo, Adolfo Prego, ponente del auto de 23 de marzo de 2010, que desestimó el recurso presentado por Garzón, si entró en la carrera judicial en 1977; o el Magistrado Juan Ramón Berdugo de la Torre, si ingresó en la carrera judicial en 1979? Aun con independencia de que haya algún magistrado que haya sido en su día miembro del Tribunal del Orden Público, ¿con qué cara el señor Villarejo se atreve siquiera a mencionarlo cuando fue fiscal durante el franquismo? ¡Triste realidad la del converso que tiene que demostrar su nueva ideología siendo el más radical de todos!

Por último, echo en falta a alguien contestando a estos energúmenos que han atacado vilmente a los magistrados del Tribunal Supremo... En efecto, ¿dónde está el Rubalcaba que tanto se indigna cuando los del PP acusan a algunos policías de fabricar pruebas? ¿Dónde está ahora su indignación?

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miércoles, 13 de febrero de 2008

LA LEYENDA NEWTONIANA última parte

Tercer aspecto de la leyenda newtoniana que vamos a examinar. —Este punto es mucho más fácil de resolver, puesto que para solventarlo el mejor camino es el de ir in situ.

D. José Echegaray que tanto hizo por despertar amor y entusiasmo por la ciencia en general y la matemática en particular entre nosotros los españoles, en su biografía del matemático noruego Abel, el Newton del Norte, como le llama, afirma que en el epitafio de la tumba del Newton inglés, del auténtico Newton, esta escrita la fórmula del binomio. Aparte de que esta fórmula sea un escollo serio del estudiante de matemáticas elementales, no es más que uno de los descubrimientos más insignificantes de Newton y no parece mereciera tan alto honor, como para figurar en lugar tan señalado. Cualquiera otra de sus felices invenciones, y en especial la ley de la gravitación universal, mereciera mejórese puesto. La leyenda está muy difundida y el sabio Florián Cajori, profesor de Historia de las Matemáticas de la Universidad de California, se ha visto obligado a desmentirla entre sus alumnos.

Pero en este caso, el que os dirige la palabra, es testigo de mayor excepción y os aporta una prueba de primera mano.

Cuando, corno peregrinos de la Ciencia, visitamos la Abadía de Westminster, panteón de los grandes hombres de Inglaterra, vimos en el sitio preferente, lado izquierdo del crucero, el monumento que la admiración de sus contemporáneos elevó a la memoria de Isaac Newton. Leímos el epitafio latino elegido entre varios otros que el celo, vibrante de emoción, de los poetas de aquel tiempo le dedicaron. No encontramos la fórmula del binomio por ninguna parte. Al pie del monumento, haciéndole guardia de honor, reposan el naturalista Carlos Darwin y el descubridor del planeta Urano y multitud de maravillas celestes Guillermo Herschel. Esto es una prueba de que la memoria no me falla y de que miré con detenimiento, allí y alrededor.

Con esta comprobación debiera de dar por terminada mi conferencia y, sin embargo, para rematarla de un modo ameno, no resisto a la tentación de contaros algo y aún algos, que no tiene que ver con la leyenda newtoniana; pero sí con Newton y que por casualidad llegó a mi conocimiento. Debo la noticia a Fitzmaurice Kelly, el ilustre profesor inglés de Literatura Española.

Carlos Jervas: retratista de Newton y traductor del Quijote.—Es curioso conocer como se cruzó la vida de Newton con algo relacionado tan íntimamente con nosotros como es el Quijote, la inmortal obra de nuestro genio nacional.

La versión inglesa del Quijote mas popular en su país, tan minuciosa y precisa en seguir al original cervantino (muchas de las poesías del Quijote están rimadas en la traducción, no habiendo sido esquivados, en muchos casos, hasta los juegos de palabras), es la de Carlos Jervas, de quien decía uno de sus coetáneos, el poeta Pope, a quien ya hemos mencionado como autor de unos encomiásticos versos a Newton, que la había hecho sin saber palabra de español—se ve que los hombres de letras se arañaban en aquella época.

Pues bien, Newton regaló a la Royal Society, de la que, como dijimos, era Presidente, un retrato suyo pintado por Jervas y que ahora permanece colgado tras el sillón presidencial de la más alta Academia de Inglaterra.

Es de advertir que Jervas presumía de pintar tan primorosamente que, en ocasión en que copiaba al Tiziano, bastante bien al decir del cronista; —superándole según él—se apartó del original y copia, con el conocido gesto de los artistas, mirólo detenidamente y entornando los ojos, exclamó: ¡Pobre Titi!, ¡qué sorpresa si hubiera visto la copia!

En otra ocasión, haciendo el retrato de la Condesa de Brigwater de la que estaba enamorado, al acariciar, con arrobamiento, las facciones del modelo, prorrumpió:—No puedo por menos de decir a Su Honor que no tiene una oreja perfecta.—¿No?—contestó la Condesa—, ¿entonces, Jervas, qué considera usted una oreja bonita? El artista no contestó; pero inclinó su cubrecabeza y mostró la suya.

En vista de estos antecedentes, no puede chocar que sus contemporáneos le dieran algún mordisco llegada la ocasión. La acusación de Pope, de no saber español, es una muestra.
Se desmiente el refrán de que nadie es profeta en su tierra.—El mérito y talentos de Newton fueron reconocidos por sus contemporáneos. Su entierro y funerales se asemejaron a los de un rey; seis Pares de Inglaterra, llevaron las cintas; Voltaire, que presenció las ceremonias, quedó sorprendido por la magnitud de los actos.

Este ingenioso y sarcástico espíritu saturado de escepticismo, que no era un humorista según afirma Chesterton, que no perdonaba a nada ni a nadie, creía y respetaba, por lo menos, alguna cosa. Admirador de Newton, ya veremos hasta qué límite, se encara con Maupertuis, el matemático que había ido a Laponia a medir un arco de meridiano, diciéndole:

Habéis encontrado
Con fatiga no escasa,
Lo que Newton ya supo
Sin salir de su casa.

Lo que Newton había averiguado sin salir de su casa, era el achatamiento de la tierra por los polos y su correspondiente expansión ecuatorial, comprobándolo Maupertuis sobre el terreno, en aquellas regiones hiperbóreas, de donde trajo, además de sus medidas geodésicas, unas laponas bastante agraciadas que despertaron la animosidad, más o menos envidiosa, de Voltaire.

Este, en otra poesía, se dirige, no a Maupertuis con el que ya estaba enfadado, sirio a los ángeles que rodean el trono del Altísimo y les pregunta si andaban envidiosos de genio tan excelso, como era el de Newton.

De este modo vemos, que aún seres ajenos a la especulación matemática y física, supieron comprender que la Ciencia comenzaba a mirar a la Naturaleza de frente y sin miedo y a filosofar acerca de la realidad délos fenómenos y respecto a la existencia de leyes naturales. Pero la mayoría de las gentes, no veían esto y, por tanto, tan filosóficas ideas no nos bastan para justificar el respeto que, entre sabios e ignorantes, se profesó a Newton ya en vida. La popularidad de Newton, procede, de que sus trabajos siempre se relacionaron con la inmensidad délos cielos, el movimiento délos astros que los pueblan, la palpitación de los océanos, el enigma de la luz, es decir, los infinitamente grandes, junto con las cantidades fluentes y las fluxiones, los corpúsculos luminosos, o sea los infinitamente pequeños; y el Creador sobre, todo ello.Las gentes observan que en conceptos tan incógnitos, Newton aportó claridades nuevas y sin llegar a comprenderlas, adivinaron el misterio que les rodea y la trascendencia de los mismos. Y es que los descubrimientos e invenciones de Newton, tienen algo de lo que Echegaray llamaba las coqueterías de la verdad, esto es, la verdad dándose a medias; comprender de una cosa un poco y sospechar que en lo no comprendido hay mucho es lo que más excita la admiración. Pero la admiración es una cualidad sublime que predispone a embellecer y amar lo admirado. De aquí la gloria universal de Newton.

jueves, 7 de febrero de 2008

LA LEYENDA NEWTONIANA, parte II

Segundo punto de la historia de Newton que se trata de esclarecer.— Vamos con él. Se refiere a una enfermedad mental que padeció Newton hacia el año 1693. Los biógrafos, como ocurre siempre entre los hombres, trátese de éstas o de otras cuestiones, dividiéronse inmediatamente—ya en vida del sabio—en dos campos: los que como David Brewster (el ilustre físico escocés a quien se deben importantes trabajos sobre la polarización de la luz) elevaron la polémica a la altura de cuestión nacional y era atentar a la gloria del inmortal filósofo el afirmar que la enfermedad había alterado de tal modo sus facultades que no volvió a descubrir nada pasados los cuarenta y cinco años de edad; exagerando todavía la nota, Colin, Locke y Huyghens, por referencia de aquél, consideráronle sin juicio, con pérdida absoluta de memoria.

Por mí parte creo que quien mejor enjuicia la cuestión debatida es la Enciclopedia Italiana, la que dice, en su artículo dedicado a Newton, que el fallecimiento de la madre prodújole intensa neurastenia (sobre todo en persona como Newton que no tenía otros parientes tan allegados) que biógrafos peyorativos han convertido en locura. A esto añadimos, que la neurastenia fue agravada por el incendio del despacho de Newton en ocasión en que aquel había salido de casa para ir a sus devociones a la iglesia. Aquí surge otra leyenda que atribuye al perro Diamond el origen del daño. Pero el mismo Newton la deshace al afirmar que ignora la causa del accidente. La intervención del perro no deja de ser una interpretación verosímil, pero nada más.

Compréndese que el incendio de papeles tan interesantes, conteniendo el trabajo de veinte años, sobre Óptica especialmente, produjeran una depresión tan grande de ánimo. Muchos de nosotros experimentamos sensaciones análogas, al ver unas veces destruidos, otras saqueados, en la pasada contienda civil, recuerdos de familia, libros y mil objetos de valor intrínseco muchas veces nulo. Los especialistas actuales en enfermedades mentales califican la enfermedad de Newton como una depresión exógena.

El que Newton no hiciera después de los cuarenta y cinco años descubrimientos importantes, nos lo explica Cajal al afirmar que los grandes hallazgos en el campo científico son obra de la primera parte de la vida, y Newton puede ser, aunque no lo es, un ejemplo de ello. Precisamente a Newton que había acumulado en su Philosophiae Naturalis Principia Mathematica más descubrimientos que cualquier otro sabio en obra alguna, no podía humanamente pedírsele que continuara en la misma forma en sus postreros año.

El caso es que, Newton, después de su enfermedad reconstruyó y publicó su tratado de Óptica, que las llamas habían destruido, sostuvo correspondencia con Flamsteed, director del Observatorio de Greenwich, sobre el movimiento de la luna y otros temas de mecánica celeste que él. con sus investigaciones, había fundado. La enfermedad tuvo lugar de 1692 a 1694; pero ya en 29 de enero, de 1697, resolvió el problema de la Tiracbystocbrona en una sola noche (por eso recalcamos la precisa fecha de 29 de enero), rapidez que sorprendió a los que de ello tuvieron noticia, puesto que Juan Bernoulli que lo había propuesto, señaló seis meses para que los sabios de Europa le tomaran el pulso. La solución llegó al proponente de modo anónimo; pero conoció al autor inglés diciendo: tamquam ex ungue leonem—por la zarpa se conoce al león.

El problema fue planteado antes por Galilea, sin resolverlo, y debe decirse en obsequio a la verdad que en el plazo de seis meses señalado por Bernouilli, recibió este cuatro soluciones exactas: la de Newton, ya hemos visto con que presteza, y las de Leibniz, Santiago Bernoulli, su hermano, y el Marqués de L´Hospital. Los cuatro matemáticos, los más sobresalientes y representativos de su país, demostraron que la curva pedida era una cicloide. He aquí el problema; Determinar la Bracbystocbrona o curva a lo largo de la cual se mueve un cuerpo de un punto A a otro B, bajo la acción de una fuerza aceleratriz, en el menor tiempo posible. Hay naturalmente, otras bracbystochronas para otra clase de fuerzas, atractivas o repulsivas, y el problema adquiere caracteres más amplios. Pero, cuando la fuerza aceleratriz es la de la gravedad, estamos en el problema planteado por Bernouilli.

En 1699 fue nombrado Newton, por influencia de Lord Halifax, su antiguo colega en Cambridge—hay que confesar que la influencia tiene, a veces, sus aciertos— Director de la Moneda; en 1703, la Royal Society le designó su Presidente; y, por fin, la reina Ana en su viaje al solar de la Universidad Cantabricense, le ennobleció dándole el titulo de Sir.

Como cualquiera puede observar, no iban a hacerse estas distinciones con persona que hubiera perdido el juicio.
Continuará...

martes, 30 de octubre de 2007

LA CELEBRACION DE JUICIOS REALES EN LA FACULTAD

http://www.elcomerciodigital.com/oviedo/20071028/oviedo/derecho-pide-permiso-poder-20071028.html
El domingo 28 de octubre salió en la prensa regional la idea del Decano de la Facultad de Derecho, Ramón Durán Rivacoba, que consiste en que, en el aula que han habilitado para realizar prácticas, se puedan celebrar juicios de verdad en las materias civil y mercantil. Resulta obvio que en materia penal ni se haya planteado. De hecho, a priori podría pensarse que es la propuesta es buena idea, no obstante tiene una serie de inconvenientes. En primer lugar, aunque el Consejo General del Poder Judicial lo autorice, el emplazamiento de la Facultad, dada su distancia con respecto a los Juzgados de Oviedo, lo convierte en una molestia para las partes, tanto clientes, abogado y procurador; el Juez, el Secretario y el Fiscal, si tienen pensado en llevar asuntos en los que la ley tiene fijada su intervención preceptiva, y el personal funcionario necesario; sin contar con que la posible presencia de testigos y peritos. Recordando que el Palacio de Justicia de Oviedo se encuentra muy bien situado geográficamente, contando con los beneficios que supone tener al lado el apeadero de RENFE Cercanías. Por lo que, es bastante previsible, los posibles afectados protesten.

De todas maneras, y según mi experiencia (aunque no sea muy extensa), para aprender el ejercicio de la abogacía el asistir a los Juicios, por sí solos, no es suficiente. Para conseguir una buena preparación práctica se debe asistir a todo el proceso, desde que un cliente entra en un despacho de abogados hasta la Sentencia, incluso, mejor aún, que el alumno prepare, por supuesto, con supervisión, cada una de los escritos e intervenciones. Es decir, que sea el alumno el que realice los escritos, y que, cuando se le corrijan los errores, se le expliquen las razones; cuando se prepare un interrogatorio, ya sea a la parte contraria como a testigos o peritos, sea el estudiante el que lo prepare… Así, cuando ha participado en la elaboración de una demanda o una contestación, cuando acude a la vista sabe el porqué de cada prueba, de cada pregunta y de por qué los informes se dicen de una manera… Por eso, asistir sólo a los juicios, como cualquier lego que desee, sólo conduce a perder el tiempo.

Pero lo que hay que dejar claro es el problema serio en la enseñanza del Derecho a la hora de preparar a los futuros egresados para el ejercicio profesional, y lo que digo cualquier abogado, juez, fiscal o letrado, lo puede suscribir, y no es otro que es una licenciatura muy poco pragmática, siendo asimismo impartida por personas que, por regla general, salvo excepciones, no han ejercido nunca ni como abogado, ni juez, ni fiscal, o su ejercicio fue breve. Sobre todo, nos podemos encontrar con asignaturas, como las Procesales, que están muy mal enfocadas. Son asignaturas que las han convertido en demasiado teóricas, con unas clases prácticas, del todo, inútiles. No tiene sentido que las prácticas consistan en que el alumno se pase diciendo que, según el caso A, es un monitorio, un desahucio o un ordinario, y que los legitimados activos y pasivos son X e Y respectivamente. En cambio, sí que se debería, sin tampoco exigir una profundización excesiva, enseñar a hacer escritos, tanto en civil como en penal. Nadie con sólo el título en la mano sabe ni empezar un escrito de demanda o un escrito de defensa (conclusiones provisionales), ya ni digamos escritos complejos como un desahucio sin tener el contrato de arrendamiento. Pero al menos, con una mínima base, se puede afrontar la pasantía o la Escuela de Práctica Jurídica con algo. Porque, de seguir por el mismo camino, es prácticamente empezar de cero cuando uno entra en un despacho.

Por todo ello, creo que, al menos en algo, se debería proceder reenfocar la enseñanza universitaria, sobre todo las asignaturas de carácter práctico, y, en cuanto a trasladar algunos juicios a la Facultad, no creo que realmente se vaya a llevar a cabo, sobre todo por los problemas que acarrearía.