En el blog de Miguel K. Stobbs,"por si a alguien le interesa", se publicó el 25 de este mes un artículo que tiene el siguiente título "El derecho a morir en paz", escrito por su propietario, en el que censuraba a la Iglesia Católica, a la que llamó "secta", por decir públicamente que estaba en contra de la eutanasia. No quise entrar a debatir su defensa del derecho a morir porque, primero está dentro de su derecho a defender sus ideas; y segundo, como católico, soy miembro de la Iglesia Católica, y lógicamente me sentí ofendido e insultado, por lo que no quería entrar a discutir cuestiones menores en el que se diluyese el tema principal. Por eso sólo le reproché que recriminase a personas que, bajo nuestra Constitución, tienen el derecho a expresar lo que estimen conveniente.
El artículo arriba referenciado, y siento tener que decirlo porque es una persona que conozco y que le tengo estima, adolece de unas correctas formas democráticas porque se puede defender lo que se crea, con toda la vehemencia posible, pero lo que no debe hacer un buen demócrata, y el autor de dicho artículo lo es, es cuestionar ni censurar que otra persona, física o jurídica, defienda lo contrario. Y menos replicar con afirmaciones poco solventes, como decir que la Iglesia coacciona. Esto es, desde luego, y reiterando lo expuesto en mi contrarréplica, una falsedad porque para ello se tiene que impedir ejercer un derecho y lo único que puede hacer es excomulgar por saltarse sus obligaciones como fiel, de igual manera que los partidos pueden expulsar a sus afiliados que no cumplen con sus estatutos. A parte, para estar en un Estado democrático, los ciudadanos son lo suficientemente mayorcitos como para que lo que dice otra persona lo analice con sentido crítico. Por el contrario si creemos que no estamos preparados para analizar libremente las palabras, en este caso, de los Obispos es que no podemos elegir cada cuatro años un Parlamento. Y aquí no valen medias tintas o estamos mínimamente preparados para elegir a nuestros representantes y aceptamos que la Iglesia defienda públicamente sus principios o no lo estamos.
Por eso me gustaría decirle a Stobbs que reflexione bien lo que ha dicho porque creo que debería rectificar. No digo que no defienda lo que crea conveniente sino que no censure que otros opinen lo contrario y menos insultar a millones de personas que forman parte de esa Iglesia a la que llamó secta.
El artículo arriba referenciado, y siento tener que decirlo porque es una persona que conozco y que le tengo estima, adolece de unas correctas formas democráticas porque se puede defender lo que se crea, con toda la vehemencia posible, pero lo que no debe hacer un buen demócrata, y el autor de dicho artículo lo es, es cuestionar ni censurar que otra persona, física o jurídica, defienda lo contrario. Y menos replicar con afirmaciones poco solventes, como decir que la Iglesia coacciona. Esto es, desde luego, y reiterando lo expuesto en mi contrarréplica, una falsedad porque para ello se tiene que impedir ejercer un derecho y lo único que puede hacer es excomulgar por saltarse sus obligaciones como fiel, de igual manera que los partidos pueden expulsar a sus afiliados que no cumplen con sus estatutos. A parte, para estar en un Estado democrático, los ciudadanos son lo suficientemente mayorcitos como para que lo que dice otra persona lo analice con sentido crítico. Por el contrario si creemos que no estamos preparados para analizar libremente las palabras, en este caso, de los Obispos es que no podemos elegir cada cuatro años un Parlamento. Y aquí no valen medias tintas o estamos mínimamente preparados para elegir a nuestros representantes y aceptamos que la Iglesia defienda públicamente sus principios o no lo estamos.
Por eso me gustaría decirle a Stobbs que reflexione bien lo que ha dicho porque creo que debería rectificar. No digo que no defienda lo que crea conveniente sino que no censure que otros opinen lo contrario y menos insultar a millones de personas que forman parte de esa Iglesia a la que llamó secta.