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lunes, 11 de octubre de 2010

MAÑANA, 12 DE OCTUBRE, 518 AÑOS DEL DESCUBRIMIENTO DE AMERICA

Mañana, 12 de octubre, celebramos el descubrimiento del Nuevo Mundo, de América, y digo bien cuando utilizo la palabra "descubrimiento", porque, aunque haya sectarios, avergonzados o simplemente ignorantes, que lo niegan en base a que antes que Colón llegaron los vikingos, para el Viejo Mundo supuso un hallazgo. No niego algo evidente, y del que constan rastros arqueológicos de la presencia de vikingos en el Nuevo Continente, pero repito no lo descubrieron para los europeos. Su secreto, si es que sabían que lo que pisaban era un nuevo continente, se lo guardaron para ellos.

Puede que sea demasiado insistente, pero a estos catetos acomplejados, les venía bien coger cierto libro en el que aparecen las definiciones de las palabras, y cuyo nombre es Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, y que tiene una versión en Internet, porque si lo hubieran hecho sabrían que "descubrimiento" significa:

1. m. Hallazgo, encuentro, manifestación de lo que estaba oculto o secreto o era desconocido.
2. m. Encuentro, invención o hallazgo de una tierra o un mar no descubierto o ignorado.
3. m. Territorio, provincia o cosa que se ha reconocido o descubierto.



Por eso para la Europa de aquella época supuso un descubrimiento porque desconocían de la existencia de ese nuevo continente, que recibió el nombre de Américo Vespucio. De lo contario a nadie se le ocurriría ir a las Indias Orientales por el Atlántico y en la dirección que tomaron las naves de Colón y faltando 428 años para que se inaugurase el Canal de Panamá. Y decir esto es completamente compatible con la presencia de vikingos u otras expediciones que recalaron en América. Es como la ley de la gravedad, toda la humanidad ha estado sometida a los efectos de la gravedad, pero el que lo descubrió fue Isaac Newton. Puede que antes que él alguien llegase a la misma conclusión, pero si lo hizo se guardó el secreto para él.

miércoles, 13 de febrero de 2008

LA LEYENDA NEWTONIANA última parte

Tercer aspecto de la leyenda newtoniana que vamos a examinar. —Este punto es mucho más fácil de resolver, puesto que para solventarlo el mejor camino es el de ir in situ.

D. José Echegaray que tanto hizo por despertar amor y entusiasmo por la ciencia en general y la matemática en particular entre nosotros los españoles, en su biografía del matemático noruego Abel, el Newton del Norte, como le llama, afirma que en el epitafio de la tumba del Newton inglés, del auténtico Newton, esta escrita la fórmula del binomio. Aparte de que esta fórmula sea un escollo serio del estudiante de matemáticas elementales, no es más que uno de los descubrimientos más insignificantes de Newton y no parece mereciera tan alto honor, como para figurar en lugar tan señalado. Cualquiera otra de sus felices invenciones, y en especial la ley de la gravitación universal, mereciera mejórese puesto. La leyenda está muy difundida y el sabio Florián Cajori, profesor de Historia de las Matemáticas de la Universidad de California, se ha visto obligado a desmentirla entre sus alumnos.

Pero en este caso, el que os dirige la palabra, es testigo de mayor excepción y os aporta una prueba de primera mano.

Cuando, corno peregrinos de la Ciencia, visitamos la Abadía de Westminster, panteón de los grandes hombres de Inglaterra, vimos en el sitio preferente, lado izquierdo del crucero, el monumento que la admiración de sus contemporáneos elevó a la memoria de Isaac Newton. Leímos el epitafio latino elegido entre varios otros que el celo, vibrante de emoción, de los poetas de aquel tiempo le dedicaron. No encontramos la fórmula del binomio por ninguna parte. Al pie del monumento, haciéndole guardia de honor, reposan el naturalista Carlos Darwin y el descubridor del planeta Urano y multitud de maravillas celestes Guillermo Herschel. Esto es una prueba de que la memoria no me falla y de que miré con detenimiento, allí y alrededor.

Con esta comprobación debiera de dar por terminada mi conferencia y, sin embargo, para rematarla de un modo ameno, no resisto a la tentación de contaros algo y aún algos, que no tiene que ver con la leyenda newtoniana; pero sí con Newton y que por casualidad llegó a mi conocimiento. Debo la noticia a Fitzmaurice Kelly, el ilustre profesor inglés de Literatura Española.

Carlos Jervas: retratista de Newton y traductor del Quijote.—Es curioso conocer como se cruzó la vida de Newton con algo relacionado tan íntimamente con nosotros como es el Quijote, la inmortal obra de nuestro genio nacional.

La versión inglesa del Quijote mas popular en su país, tan minuciosa y precisa en seguir al original cervantino (muchas de las poesías del Quijote están rimadas en la traducción, no habiendo sido esquivados, en muchos casos, hasta los juegos de palabras), es la de Carlos Jervas, de quien decía uno de sus coetáneos, el poeta Pope, a quien ya hemos mencionado como autor de unos encomiásticos versos a Newton, que la había hecho sin saber palabra de español—se ve que los hombres de letras se arañaban en aquella época.

Pues bien, Newton regaló a la Royal Society, de la que, como dijimos, era Presidente, un retrato suyo pintado por Jervas y que ahora permanece colgado tras el sillón presidencial de la más alta Academia de Inglaterra.

Es de advertir que Jervas presumía de pintar tan primorosamente que, en ocasión en que copiaba al Tiziano, bastante bien al decir del cronista; —superándole según él—se apartó del original y copia, con el conocido gesto de los artistas, mirólo detenidamente y entornando los ojos, exclamó: ¡Pobre Titi!, ¡qué sorpresa si hubiera visto la copia!

En otra ocasión, haciendo el retrato de la Condesa de Brigwater de la que estaba enamorado, al acariciar, con arrobamiento, las facciones del modelo, prorrumpió:—No puedo por menos de decir a Su Honor que no tiene una oreja perfecta.—¿No?—contestó la Condesa—, ¿entonces, Jervas, qué considera usted una oreja bonita? El artista no contestó; pero inclinó su cubrecabeza y mostró la suya.

En vista de estos antecedentes, no puede chocar que sus contemporáneos le dieran algún mordisco llegada la ocasión. La acusación de Pope, de no saber español, es una muestra.
Se desmiente el refrán de que nadie es profeta en su tierra.—El mérito y talentos de Newton fueron reconocidos por sus contemporáneos. Su entierro y funerales se asemejaron a los de un rey; seis Pares de Inglaterra, llevaron las cintas; Voltaire, que presenció las ceremonias, quedó sorprendido por la magnitud de los actos.

Este ingenioso y sarcástico espíritu saturado de escepticismo, que no era un humorista según afirma Chesterton, que no perdonaba a nada ni a nadie, creía y respetaba, por lo menos, alguna cosa. Admirador de Newton, ya veremos hasta qué límite, se encara con Maupertuis, el matemático que había ido a Laponia a medir un arco de meridiano, diciéndole:

Habéis encontrado
Con fatiga no escasa,
Lo que Newton ya supo
Sin salir de su casa.

Lo que Newton había averiguado sin salir de su casa, era el achatamiento de la tierra por los polos y su correspondiente expansión ecuatorial, comprobándolo Maupertuis sobre el terreno, en aquellas regiones hiperbóreas, de donde trajo, además de sus medidas geodésicas, unas laponas bastante agraciadas que despertaron la animosidad, más o menos envidiosa, de Voltaire.

Este, en otra poesía, se dirige, no a Maupertuis con el que ya estaba enfadado, sirio a los ángeles que rodean el trono del Altísimo y les pregunta si andaban envidiosos de genio tan excelso, como era el de Newton.

De este modo vemos, que aún seres ajenos a la especulación matemática y física, supieron comprender que la Ciencia comenzaba a mirar a la Naturaleza de frente y sin miedo y a filosofar acerca de la realidad délos fenómenos y respecto a la existencia de leyes naturales. Pero la mayoría de las gentes, no veían esto y, por tanto, tan filosóficas ideas no nos bastan para justificar el respeto que, entre sabios e ignorantes, se profesó a Newton ya en vida. La popularidad de Newton, procede, de que sus trabajos siempre se relacionaron con la inmensidad délos cielos, el movimiento délos astros que los pueblan, la palpitación de los océanos, el enigma de la luz, es decir, los infinitamente grandes, junto con las cantidades fluentes y las fluxiones, los corpúsculos luminosos, o sea los infinitamente pequeños; y el Creador sobre, todo ello.Las gentes observan que en conceptos tan incógnitos, Newton aportó claridades nuevas y sin llegar a comprenderlas, adivinaron el misterio que les rodea y la trascendencia de los mismos. Y es que los descubrimientos e invenciones de Newton, tienen algo de lo que Echegaray llamaba las coqueterías de la verdad, esto es, la verdad dándose a medias; comprender de una cosa un poco y sospechar que en lo no comprendido hay mucho es lo que más excita la admiración. Pero la admiración es una cualidad sublime que predispone a embellecer y amar lo admirado. De aquí la gloria universal de Newton.

jueves, 7 de febrero de 2008

LA LEYENDA NEWTONIANA, parte II

Segundo punto de la historia de Newton que se trata de esclarecer.— Vamos con él. Se refiere a una enfermedad mental que padeció Newton hacia el año 1693. Los biógrafos, como ocurre siempre entre los hombres, trátese de éstas o de otras cuestiones, dividiéronse inmediatamente—ya en vida del sabio—en dos campos: los que como David Brewster (el ilustre físico escocés a quien se deben importantes trabajos sobre la polarización de la luz) elevaron la polémica a la altura de cuestión nacional y era atentar a la gloria del inmortal filósofo el afirmar que la enfermedad había alterado de tal modo sus facultades que no volvió a descubrir nada pasados los cuarenta y cinco años de edad; exagerando todavía la nota, Colin, Locke y Huyghens, por referencia de aquél, consideráronle sin juicio, con pérdida absoluta de memoria.

Por mí parte creo que quien mejor enjuicia la cuestión debatida es la Enciclopedia Italiana, la que dice, en su artículo dedicado a Newton, que el fallecimiento de la madre prodújole intensa neurastenia (sobre todo en persona como Newton que no tenía otros parientes tan allegados) que biógrafos peyorativos han convertido en locura. A esto añadimos, que la neurastenia fue agravada por el incendio del despacho de Newton en ocasión en que aquel había salido de casa para ir a sus devociones a la iglesia. Aquí surge otra leyenda que atribuye al perro Diamond el origen del daño. Pero el mismo Newton la deshace al afirmar que ignora la causa del accidente. La intervención del perro no deja de ser una interpretación verosímil, pero nada más.

Compréndese que el incendio de papeles tan interesantes, conteniendo el trabajo de veinte años, sobre Óptica especialmente, produjeran una depresión tan grande de ánimo. Muchos de nosotros experimentamos sensaciones análogas, al ver unas veces destruidos, otras saqueados, en la pasada contienda civil, recuerdos de familia, libros y mil objetos de valor intrínseco muchas veces nulo. Los especialistas actuales en enfermedades mentales califican la enfermedad de Newton como una depresión exógena.

El que Newton no hiciera después de los cuarenta y cinco años descubrimientos importantes, nos lo explica Cajal al afirmar que los grandes hallazgos en el campo científico son obra de la primera parte de la vida, y Newton puede ser, aunque no lo es, un ejemplo de ello. Precisamente a Newton que había acumulado en su Philosophiae Naturalis Principia Mathematica más descubrimientos que cualquier otro sabio en obra alguna, no podía humanamente pedírsele que continuara en la misma forma en sus postreros año.

El caso es que, Newton, después de su enfermedad reconstruyó y publicó su tratado de Óptica, que las llamas habían destruido, sostuvo correspondencia con Flamsteed, director del Observatorio de Greenwich, sobre el movimiento de la luna y otros temas de mecánica celeste que él. con sus investigaciones, había fundado. La enfermedad tuvo lugar de 1692 a 1694; pero ya en 29 de enero, de 1697, resolvió el problema de la Tiracbystocbrona en una sola noche (por eso recalcamos la precisa fecha de 29 de enero), rapidez que sorprendió a los que de ello tuvieron noticia, puesto que Juan Bernoulli que lo había propuesto, señaló seis meses para que los sabios de Europa le tomaran el pulso. La solución llegó al proponente de modo anónimo; pero conoció al autor inglés diciendo: tamquam ex ungue leonem—por la zarpa se conoce al león.

El problema fue planteado antes por Galilea, sin resolverlo, y debe decirse en obsequio a la verdad que en el plazo de seis meses señalado por Bernouilli, recibió este cuatro soluciones exactas: la de Newton, ya hemos visto con que presteza, y las de Leibniz, Santiago Bernoulli, su hermano, y el Marqués de L´Hospital. Los cuatro matemáticos, los más sobresalientes y representativos de su país, demostraron que la curva pedida era una cicloide. He aquí el problema; Determinar la Bracbystocbrona o curva a lo largo de la cual se mueve un cuerpo de un punto A a otro B, bajo la acción de una fuerza aceleratriz, en el menor tiempo posible. Hay naturalmente, otras bracbystochronas para otra clase de fuerzas, atractivas o repulsivas, y el problema adquiere caracteres más amplios. Pero, cuando la fuerza aceleratriz es la de la gravedad, estamos en el problema planteado por Bernouilli.

En 1699 fue nombrado Newton, por influencia de Lord Halifax, su antiguo colega en Cambridge—hay que confesar que la influencia tiene, a veces, sus aciertos— Director de la Moneda; en 1703, la Royal Society le designó su Presidente; y, por fin, la reina Ana en su viaje al solar de la Universidad Cantabricense, le ennobleció dándole el titulo de Sir.

Como cualquiera puede observar, no iban a hacerse estas distinciones con persona que hubiera perdido el juicio.
Continuará...

miércoles, 6 de febrero de 2008

LA LEYENDA NEWTONIANA, parte I

A continuación pongo la primera parte del discurso pronunciado por Julio Martínez Hombre en su condición de Secretario de la Asociación Astronómica Asturiana en los actos de conmemoriación del Tercer Centenario del nacimiento de Sir Isaac Newton celebrados en la Universidad de Oviedo, publicado por la Imprenta La Cruz en 1944:

LEYENDA NEWTONIANA

En el condado de Lincoln y en la hermosa carretera que conduce de Londres a Edimburgo, siete millas—unos doce o trece kilómetros—antes de llegar a la ciudad de Grantham y a unos cientos de metros de la carretera, cerca del nacimiento del río Witham, se encuentra la aldea de Woolsthorpe, perteneciente a la parroquia de Colsterworth. Si no fuera por lo poco accidentado del terreno creeríamos estar en la campiña asturiana, encontrándose en el campo nuestras mismas flores e idénticas especies arbóreas. Hasta para completar el parecido, no faltan reliquias de la antigüedad romana, en aquel simpático país de los corítani. Al evocar el recuerdo de mi Asturias, pensé que tal vez pasaron por allí, algunos astures de los que formando parte de la célebre Legión IX Hispana se dirigieran hacia el norte para defender el 'Vallum Jiadriani, línea Maginot de aquellos tiempos contra los Fictos y Escotos.

La aldea de Woolsthorpe es pequeña, tan pequeña que, como vemos, no es ni siquiera sede parroquial. La forman tres caseríos—como decimos en nuestra tierra—, algunas modestas casas que parece no alcanzan esa categoría y detrás de todas ellas, la más lejana desde la carretera mencionada, se encuentra la casa natal de Newton.

La casa solariega del sabio—Manor Housec como dicen en Inglaterra—no es una casa como las restantes del pueblo, entra en lo que decimos aquí, un poco hiperbólicamente, palacio. Es un edificio bastante amplio, construido en piedra gris, cubierto con pizarra, a dos aguas, que vierten a saliente y a poniente y, teniendo por tanto, hacia el norte y sur, dos grandes piñones triangulares coronados por sendas chimeneas. La fachada principal es la del oeste, domina el huerto de la casa, que contiene como especie vegetal más sobresaliente, un renuevo del famoso manzano que inspiró a su dueño la ley de la gravitación universal. La yedra que cubre casi totalmente los paramentos del edificio, no impide ver una lápida que, en inglés, dice: «En esta casa solariega nació Sir Isaac Newton en 15 de diciembre de 1642», Pasamos bajo la inscripción, a través de una portada de poca altura y penetramos en la planta baja de la morada, con amplias habitaciones, techo más bien bajo y piso enlosado. Ventanas con anchos asientos a los lados y chimeneas de piedra, completan el interior. Escaleras arriba aparece a la izquierda la habitación donde nació Newton. Allí se lee el pareado debido al poeta Alejandro Pope (que tradujo la Iliada al inglés en heroicos yámbicos pentámetros) y que dice:

Nature and Nature's laws lay hid in night:
God said, Let Newton be!'— and all was light.

Los versos aparecen escritos en la piedra sobre la chimenea de la habitación y también puede verse un dibujo del celebre, manzano. La habitación de la derecha de la escalera fue el dormitorio de Newton por algún tiempo. Dos ventanas, una al saliente y otra al mediodía, daban luz a la habitación; entre ellas se situaba el rincón favorito donde trabajaba Newton. Sin embargo, éstas y algunas otras ventanas de la casa, fueron tapiadas en la época en que dicen, se estableció un impuesto sobre huecos. El fisco no perdonaba la casa de la mayor gloria del país. Hace pocos días he sabido, que edificio y terrenos colindantes habían sido adquiridos por la Royal Society, para convertiría en museo de recuerdos newtonianos. En estas condiciones, es obvio, que todo aquello será mejorado y desaparecerán esos pequeños lunares.

Descrito el lugar y fecha de nacimiento de Newton, es decir, situado tan gran acontecimiento, en el espacio y en el tiempo, o lo que es lo mismo, dándole valores cuadridimensionales, como diría un analista de nuestro tiempo, pasemos a estudiar algunos aspectos de la leyenda newtoniana.

Porque Newton tiene su leyenda al par que los dioses y héroes de la antigüedad clásica y esto no es otra cosa que una prueba más de su relevante personalidad.

Pero la crítica histórica, al tratar de incorporar a sus narraciones, lo que puede ser cierto entre lo nebuloso de la fábula, se ha encontrado con dos clases de leyendas:

Las leyendas puramente imaginativas que no fueron nunca ciertas, tales como la de las sirenas, del ave fénix, del rey Artús, de Merlín el encantador, etc. y los hechos legendarios cuya leyenda es verdad, como, entre otros, los relativos al rey Alfredo el Grande en Inglaterra y, aquí, en nuestra patria, tantos del Cid, absolutamente históricos, según Menéndez Pidal ha demostrado.

Pues bien, Newton, al realizar sus portentosos descubrimientos que le han encumbrado hasta el punto de ser sujeto de mitos, disfruta de ambas clases de leyendas. A negar unas y confirmar otras, voy a dedicar unos instantes de esta velada conmemorativa; por lo que pido perdón a mis oyentes sí es que alargo la sesión más de lo debido.

Tres puntos de lo que llamamos la leyenda newtoniana han hecho correr mucha tinta, entre los biógrafos de Newton.

Primer hecho legendario de la vida de Newton.—Este primer punto se refiere a que la caída de una manzana inspiró a Newton, siendo todavía muy joven y residiendo en Woolsthorpe, la idea de la gravitación. Señala la tradición que estando sentado a la sombra de un manzano plantado en el huerto de la casa solariega que hemos descrito, cayó, ante él uno de sus frutos. Desde que el hombre habita nuestro planeta, cualquiera que tuviera ojos, ha presenciado la caída de frutos de los árboles. «Despertando, quizás, en su mente, este hecho trivial—dice Biot, el más conspicua de los biógrafos franceses de Newton—las ideas de movimientos acelerados, púsose a reflexionar acerca de la naturaleza de este singular poder, que solicita a los cuerpos hacia el centro de la tierra, que los precipita hacia él con velocidad continuamente creciente y que se ejerce también sin experimentar disminución apreciable en las torres más altas y en las cimas de las montañas más elevadas. Seguramente se ofreció a su espíritu una nueva idea y como en un relámpago de claridad, se preguntó: ¿Por qué no se extenderá este poder hasta la misma luna y, entonces, qué fuerza podría retenerla en su órbita alrededor de la tierra?»

Como acabamos de decir, innumerables seres humanos habían visto caer los cuerpos ¿pero qué audacia de pensamiento; qué enorme facultad de abstracción, necesitó ejercitar Newton, para formar y deducir la más universal de las leyes físicas, La Grand Loi que dice Maeterlinck, de un accidente tan insignificante en su apariencia?

Pues bien, hemos visto la tradición consagrada en la casa solariega de Newton con un renuevo del manzano famoso. El primitivo manzano murió, se dice, a principios del siglo pasado; pero con plantones obtenidos del que va a perecer, se continúa con la supervivencia biológica del mismo individuo vegetal. Por algo Van Thiegem, dice que el árbol es inmortal. Acabamos de decir hace un rato, que en la habitación donde nació nuestro sabio, hay un dibujo que representa el manzano inspirador; la anécdota que recuerda Biot, la relata por primera vez Pemberton, editor y amigo íntimo de Newton; la señora de Conduitt, sobrina del sabio, que vivid con él hasta su muerte, se la contó a Voltaire, de donde la han tomado después todos los comentadores.

Por otra parte, según dice el biógrafo de la Enciclopedia Italiana, el primero que niega la leyenda, es Sartorius von Walterhausen, biógrafo también de Gauss, que vivió bastante tiempo después: mediado el siglo XIX. ¿Cómo puede enfrentarse el testimonio de Sartorius que no era contemporáneo de Newton, ni mucho menos, con el de Pemberton y la señora de Conduitt, que vivieron en su intimidad?

Sin querer resolver de un modo definitivo, por faltarme autoridad para ello, me parece no estar descaminada la afirmación de que la leyenda, es una leyenda de las que son verdad.
Continuará