lunes, 21 de julio de 2008

EL ARTE DE ESCRIBIR CARTAS AL DIRECTOR

Hoy pensaba escribir sobre otras cuestiones, como criticar las palabras pronunciadas por la trepa de Leire Pajín el otro día en un Congreso autonómico de su partido, o publicar el análisis de una de las dos Sentencias, que se dictaron recientemente, como la que condenó a Federico Jiménez Losantos por injurias o la del ácido bórico, pero, la lectura de una carta al director en el diario asturiano La Nueva España, me ha animado a hacer unos comentarios al respecto. Dicha carta, que conste, no tiene desperdicio.

Contra la imposición de cuatro

A don Javier Fernández Conde.

Estimado profesor y compañero:

Para romper una lanza en pro de don Félix Fernández de Castro, y aunque yo respete sus ideas de usted, yo le he de decir tres cosas:

1.-El asturiano intentan imponérnoslo cuatro, aunque usted no lo quiera reconocer.

2.-El asturiano, en mi modesta opinión, que es la de muchísimos, es una forma de lenguaje que existió en su día, pero que ya no existe con aquella independencia que tuvo alguna vez: ¿acaso iría usted, en su vida ordinaria, vestido con almadreñes y fajín a darse una vueltecita de placer o de negocios por Barcelona, Burgos o Madrid? Yo no, desde luego. Y no veo a nadie «llingüista» que lo haga.

Adoro y respeto el pasado de nuestros/mis abuelos (yo soy de aquí, del Cabo Peñas, señor); pero considero que les almadreñes y la ropa astur, en el arcón, y la lengua de nuestros antepasados, heredera del latín, y predecesora del castellano actual, hablado por evolución natural también en Asturias, mal que les pese a cuatro, en libros, obritas ocasionales (no las de ahora...), en los recuerdos de los antepasados y abuelos nuestros. No ahora: no vayamos a hacer una pantomima actualmente de lo que sí fue una lengua sincera y sencilla en otros momentos adulterándola hoy.

Yo soy profesora. Aprendí a expresarme y a hablar en castellano. Soy asturiana de nacimiento, y he tenido la gran suerte de residir en muchísimos lugares de España superacogedores con una lengua llana y común, aunque pueda tener musiquilla y expresiones de la zona cántabro-astur, ¡a mucha honra! Y nada más. No necesito separarme del resto del país con el único objeto de «ser diferente» y «que no se nos entienda»; así seremos más «interesantes».

No deseamos, muchos y yo misma, que nadie nos imponga, con capuchón de verdugos y cara de cartón piedra, una «llingua».

Ah, y le tengo que hacer una observación, con todos mis respetos: ¿acaso no sentiría usted pavor cuando entran en su despacho tres encapuchados amenazándole en cualquier momento del día, en los tiempos que corren? ¿O le parece más bien una juerga montada por alguien, que a usted le divierte mucho?

Personalmente, no creo que nadie se encapuche para montar una juerga, sino, más bien, para no ser identificados tras la comisión de un acto delictivo o violento.

Finalmente, en la política o hechos políticos o politicables relativos a la defensa y divulgación de esa supuesta «llingua» yo no voy a entrar: los desconozco. Y, en mi opinión, son un manípulo más de determinados «llingüistas».

Ana Fernández-Asenjo Martínez, profesora
Oviedo




Para empezar, y siendo bastante generoso, la redacción es bastante floja. No es que yo sea la persona que mejor escriba del mundo, porque obviamente no lo soy, y, aunque haya recibido críticas muy positivas de mis escritos, soy consciente de mis tremendas limitaciones. Pero lo que nunca se me ha ocurrido es redactar nada de semejante manera. Su inicio es, desde luego, glorioso, con una chirriante expresión como la de "su opinión de usted". Pero esta profesora, como así se considera, parece que no comprende que, en relación a su "nuestros/mis abuelos", al utilizar el posesivo plural de primera persona también incluye el singular. Otra cuestión llamativa, en este caso de carácter sintáctico, es que parece que no conoce más conjunción que la copulativa "y" y las adversativas "pero" y "aunque". Por eso, cuando afirma, de manera redundante, que aprendió a expresarse y a hablar el castellano, creo que, cuando dejó en el tintero la palabra "escribir", no fue fruto de un lapsus linguae.

Dejando aparte cuestiones gramaticales y sintácticas, uno puede deducir, a primera vista, que la susodicha carta adolece de cualquier tipo de argumento. Ya el primer punto lo despacha con una simple y rotunda afirmación. ¿Cuáles son los motivos de decir que cuatro quieren imponer el asturiano? Pues, como no creo que tenga el don de la telepatía, me quedaré con las ganas de saberlo. Su segundo punto debe ser fruto de una diarrea mental, porque no sé qué relación tiene aprender y usar el asturiano con usar las madreñes y el fajín, como tampoco veo a ningún catalanoparlante llevando la barretina, ni a un vasco con la txapela, ni a una valenciana vistiendo de fallera, en viaje de turismo o de negocios.

En cuanto a la tercera cosa que le tenía que decir a Javier Fernández Conde, ignoro exactamente cual es, ya que falta de número cardinal, pero creo que debe de referirse a cuando tres asturianistas entraron en el despacho del señor Félix F. de Castro, ese "héroe" del que ya tuve oportunidad de escribir, y que, por lo que se ve, le recriminaron su actitud hacia el asturiano. No sé cómo fue el incidente, pero me parece exagerado compararlo con unos peligrosos terroristas, o asturtxales, como algunos los han llamado, y, por supuesto, una falta de respeto hacia las personas que lo están padeciendo de verdad.

En fin, este tipo de cartas son las que defienden impedir que, el que quiera pueda aprender y usar libremente el asturiano. Son lamentablemente opiniones basadas en un infundado temor a que en Asturias acaben obligando, cuan Cataluña o Galicia gobernada por los nacionalistas, a hablar y a rotular en asturiano y se pueda romper la unidad de España. Pues nada, que sigan así, que, a la larga, sus temores se volverán realidad.

2 comentarios:

Víctor Manuel dijo...

En esta mujer se detecta un complejo de inferioridad típico de la asociación "tiene acento asturiano o fala n'asturianu medianamente" equivale "es un pueblerín el probe, tendrá vaques y la madre que lo parió". Me dan ganas de vomitar con esta asturiana del cabo Peñas, ya ves tú que auténtica la tía.
Buena entrada Jose, un saludo.

José Enrique Carrero-Blanco Martínez-Hombre dijo...

De nada, muchas gracias, por lo que implica, ya que no es muy habitual que me lo digas.

Oye un respeto que es profesora. Pa que voy a engañar, si la que se quedó en ridículo es ella.