martes, 6 de noviembre de 2012

XVI CONGRESO POPULAR ASTURIANO: REFLEXIONES (II)

El otro día acabé la entrada hablando sobre la lealtad. El verdadero concepto de la lealtad, no el que algunos en los aparatos entienden por tal. Esos que creen que la lealtad es reírle las gracias al jefe, convertirse en un bufón más de la Corte o convertirse en un simple ejecutor sin escrúpulos de las órdenes del superior. No señor, la lealtad no es eso. Porque, como define la RAE esta palabra, como cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien, o también como legalidad, verdad y realidad, en el comportamiento anteriormente mencionado, no se encuentra nada de honor, ni nada de persona de bien, ni mucho menos se puede predicar las palabras "verdad" y "realidad". Esas personas que así se comportan lo único que buscan es medrar para luego, cuando flaquee el jefe, hacerle la zancadilla para ponerse él. Una persona leal (Fidedigno, verídico y fiel, en el trato o en el desempeño de un oficio o cargo) le dice con respeto a sus superiores la verdad, porque lo que pretende es que su jefe lleve a buen puerto a su equipo. Porque el éxito del jefe es el éxito de todos. 

Además no olvidemos que un buen líder debe asumir las críticas formuladas desde la verdad y el respeto. Tampoco implica que haga caso a todas ellas, sino que las escuche y las medite. Por eso, la primera responsabilidad de un líder es escoger un buen equipo, gente que sea honesta y que sea capaz de decirle sus aciertos y sus fallos. Porque las personas que trabajan en equipo, no en sus propios intereses, actúan con honestidad y desde la verdad, que es justo lo contrario a regalarle al oído constantemente con piropos y alabanzas. Hacer eso es parasitar al líder. Chuparle la sangre hasta que caiga muerto desangrado, y así chuparle la sangre a su sustituto hasta que le toque a él. Esto recuerda mucho a la enfermedad de los godos (MORBVS GOTORVM).

Si ese líder opta por los aparentemente sumisos no sólo está demostrando su incapacidad para formar equipos sino que demuestra claramente el miedo a las críticas o tiene una concepción de sí mismo cercana al mesianismo, cercana a la divinización de su persona. Él es la verdad y sólo lo que precisa es de profetas que difundan su palabra.

El problema es que sus "profetas" actúan a sus espaldas y cuando el líder divinizado pide información te puedes encontrar con que sus "profetas" en más de una ocasión le hurtan la verdad. De esa manera, en lugar de decirle que hay un laguito hondo, le dicen que es un charco y que puede pasar por ahí. La sorpresa que se lleva es morrocotonuda. Lo más gracioso es cuando una vez defenestrada la divinidad, cuando uno de los profetas le sustituye se encuentra con que el equipo que tiene es bastante flojo, y a veces no le queda otra que acudir a sus rivales para salir del paso.

Por eso, no entiendo por qué Mercedes Fernández está tan ufana por salir elegida como Presidenta en un Congreso al estilo búlgaro, con nulas autocríticas, con unos masivos apoyos públicos de los compromisarios levantando el SI verde, perdiendo, en cambio, en las urnas, 136 votos de compromisarios que han le han avalado (o mejor dicho, más, porque algunos del sector pilarista en el Congreso le votó a ella). Debería haber estado más comedida, y con un discurso más responsable. En mi opinión, habría salido más reforzada haber ganado un Congreso con dos candidaturas, pero optó por ganar un Congreso amañado, imposibles de perder, sin adversario alguno, al que se le impidió presentarse acosando a los Presidentes de las Juntas Locales a que sus compromisarios la avalasen.

Por otra parte, por responsabilidad y honestidad, no es admisible, ni creíble, que prácticamente la totalidad de los compromisarios hubiesen votado SI al informe de gestión del Secretario General. ¿Cómo se puede votar favorablemente a una gestión, que en la siguiente entrada detallaré con más detalle, que ha llevado a empeorar en 2012 los resultados cosechados en 2011? ¿Cómo se puede apoyar el hecho de que en marzo se perdieron más votos que los que Isabel Pérez-Espinosa logró, no recogiendo ni uno de los votos que Cascos perdió? Insisto, ¿cómo se puede votar SI a esos resultados? De los que están en los organigramas, tanto locales como autonómicos, lo puedo entender, pero, ¿de los que nada van a sacar de ese Congreso ni en los venideros?Y como no lo entiendo salvo que la militancia que queda en el PP sean unos cobardes o unos pasotas. Que cada uno se quede con la opción que le encaje mejor.

Continuará...

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Twitter: @josecarrerob