domingo, 4 de noviembre de 2012

XVI CONGRESO POPULAR ASTURIANO: REFLEXIONES (I)

Ayer asistí al XVI Congreso del Partido Popular de Asturias para cumplir con mis funciones de compromisario, y sinceramente, la sensación con la que me fui del cónclave es de desasosiego y, por no más esperada, de una profunda decepción. Lo más alarmante de todo fue asistir con incredulidad a la efusividad con que arroparon los compromisarios, siendo el que escribe estas líneas una de las pocas excepciones, a la recién elegida en el cargo Mercedes Fernández. Si señores lectores, como os comento, los asistentes arroparon a la vencedora de un Congreso en el que sólo hubo un candidato con una sonora ovación. Desde luego ganarlo no era una tarea difícil, más bien todo lo contrario, perderlo habría sido materialmente imposible. 

Aquí, en nuestro país, la madiocridad y la falta de ambición predomina, sobre todo en política. No he visto a nadie que tenga esa capacidad de leer los resultados con honestidad. Con ganar, aunque sea en el último minuto, de penalti injusto, y habiendo el árbitro expulsado a la cuatro del equipo rival, es más que suficiente. Pues eso, ayer la diestra estuvo a punto de salir a hombros por la puerta grande, y eso que venía al Congreso con los avales suficientes como para impedir que Pecharromán se pudiera presenta, con 830 avales, sólo logró el apoyo en las urnas, siendo ella la única candidata, de 694 compromisarios. 136 menos (16,39%) de los que la avalamos, recuérdese que la avalé sin mucha gana. Con lo cual el 74,54 % de los compromisarios la votaron. Yo voté en blanco. Dista mucho de ese 84% de los votos que nos venden. Así que los resultados no son tan positivos, siendo ella la única candidata. 

Lo cómodo sería cargar las tintas exclusivamente contra la recién elegida Presidenta y su nueva Ejecutiva, pero siendo justos, habría que afearle la conducta a aquellos que votaron todo sí, incluso el informe de gestión del Secretario General, Fernando Goñi, cuando después lo criticaron. En esta vida hay que ser honesto y leal con la organización a la que perteneces y contigo mismo. Si realmente se creía que no se hizo bien, se levanta la cartulina roja con el NO impreso, aunque ello suponga las bromitas, como las que padecí, llamándome revolucionario o que alguno apelase a mi valentía con la típica expresión que hace referencia al escroto. No me puedo creer, por cierto, que ser el único voto negativo al informe económico y al de gestión causase tanto revuelo.

Pues eso, como decía, hay que actuar con lealtad y honestidad, y eso implica decirle la verdad a quien es el líder de tu partido, no lo que quiere escuchar o agradarle a lisonjas. Porque con la verdad por delante se pueden conocer los errores que se han cometido y corregirlos para mejorar de manera constante, y no ser un mediocre conformista.

En la siguiente entrada continuaré, porque hay mucha tela que cortar.

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