viernes, 26 de agosto de 2011

NOS FALTA MADUREZ DEMOCRATICA

Lo que ha sucedido en España en estas últimas semanas por la visita del Papa y la Jornada Mundial de la Juventud -que, según la Cámara de Comercio y la Confederación de Empresarios de Madrid, ha dejado en nuestro país 160 millones de euros-, ha confirmado mi idea inicial de que en España democráticamente estamos muy verdes, nos falta mucha más madurez. ¿Por qué digo esto? Porque en muchas declaraciones que he oído y he leído adolecen del más mínimo respeto a quien piensa distinto. Y sin este principio ninguna democracia es viable.

El problema que he percibido no es que, por ejemplo, uno piense convertir España en un Estado laico sino el motivo subyacente que, en algunos casos, se basa en que le molesta que haya gente que opine de determinada manera o que públicamente manifieste sus creencias o ideas. A modo de ejemplo, en twitter he podido debatir con personas que se postulaban en contra de la JMJ, y alguno ha acabado reconociendo que como le molestaba protestaba, otro despreciaba a una mujer por decidir libremente ser monja...

Pero la falta de madurez no queda sólo en lo que acabo de mencionar, sino en lo que es, en mi opinión, el mayor problema, que proviene de la clase política actual, que vive encorsetada en una nociva partitocracia, que acaba fomentando lo que he denunciado. En efecto, vivimos en un sistema político en el que el ascenso en los partidos, con honradas y contadas excepciones, acaba para aquellos que son "buenos chicos", que tragan lo que dicen los jefes, cumplen órdenes sin rechistar, pasan de defender una posición a la contraria sin inmutarse lo más mínimo y acaban por perder prácticamente su identidad personal en favor de la colectiva o, mejor dicho, del jefe de turno. Así se pueden observar que en los debates parlamentarios y las tertulias, en lugar de refutar lo que manifiesta alguien de si algo está bien o mal se opta por eludirlo lanzando el balón al tejado ajeno con el típico "y tú más" o, en algunos casos, con la táctica de la descalificación personal. Como si una persona, por muy desacreditada que esté o pueda estarlo, pueda decir algo sensato, como los que siguen la actualidad política ovetense han podido comprobar cómo desde el equipo de gobierno se ha llegado a descalificar personalmente al que les criticaba. A veces directamente se mofan de lo que alguien dice o propone, como hicieron los dirigentes socialistas, incluidos Zapatero y Rubalcaba, cuando descalificaron como ocurrencia la idea que ahora han acabado aceptando. Con estos ejemplos de nuestros representantes, cómo no va a haber personas que no toleran la discrepancia. Y aún más si por intereses partidistas lo azuzan, como lo denuncié en de estos polvos estos lodos.

En definitiva, a unas clases dirigentes obsesionadas con perpetuarse en la poltrona sólo les interesa los cambios de 360º, es decir, que quede todo como está, no vaya a ser que se vayan al paro o a un trabajo en peores condiciones. Por eso, los Congresos de los partidos son más bien un corsé que impide a las bases elegir de verdad a sus dirigentes o postularse como candidatos con posibilidades de victoria. Si no se tiene el apoyo de algún aparato del partido, ya sea organización local, comarcal, provincial, autonómica o nacional, es imposible hacer nada porque el control de las sedes, censos y comités organizadores los controla el aparato, a diferencia de lo que ocurre en las elecciones locales, autonómicas o generales en las que hay Juntas Electorales cuya composición queda al margen del Gobierno de turno. Aunque el mayor intento de engaño que he visto son las primarias socialistas, que las venden como si fueran realmente un ejemplo de democracia interna. Y como se ha visto, contra el aparato no hay candidato que pueda presentarse y menos ganar. ¿Qué es lo que ha pasado con las que he llamado digiprimarias socialistas en las que entronizaron a Rubalcaba? ¿Qué pasó con las primeras primarias en las que se acabó presentando el que las perdió? Alguno habrá que me ponga como ejemplo las del año pasado entre Tomás Gómez y Trinidad Jiménez, pero lo que obvian es que fue un duelo entre el aparato madrileño y el federal.

En fin, para no prolongarlo más, aunque me quedan cosas en el tintero, sólo digo que hasta que no interioricemos el respeto a todas las demás personas con independencia de sus ideas o creencias, no alcanzaremos a los demás países democráticos de nuestro entorno.


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