miércoles, 1 de diciembre de 2010

NEMESIO MARTINEZ HOMBRE, CAPITAN DE CABALLERIA

Antes de biografiar la figura de Nemesio Martínez Hombre, quisiera agradecer la oportunidad que para ello me brinda la revista Piloña. Tiene para mi este nombre algo muy especial. Evoca la tierra y las gentes a las que me unen estrechos lazos familiares.

Nació Nemesio en Infiesto el 21 de marzo de 1897. Fue el cuarto hijo de los ocho que llegaron a tener Nicolás Martínez Agosti y María Hombre Chalbaud Tocios nacieron allí, excepto el último de ellos. Nicolás que lo hizo en Madrid, al trasladar la familia su residencia a causa de los estudios de sus hijos. Sin embargo continuaron manteniendo su intensa vinculación con Infiesto a lo largo de los años.

Su infancia, periodo en el que transcurren los años básicos y fundamentales en el desarrollo y formación de una persona, y que marcan el carácter y el temperamento para toda la vida, transcurrió en Piloña. Asistió al colegio de la Obra Pía con sus hermanos, cuando era director D. Prudencio Díaz González. Allí hizo las primeras amistades, con las que siempre mantuvo una estrecha y afectiva relación, y todos los años esperaba con ilusión el verano para poder ir a Infiesto, al menos unos días.

Durante estos años, en Asturias era frecuente la existencia de los llamados batallones infantiles. En Infiesto también se creó un Batallón Infantil con sus cornetas y tambores, formado por la mayoría de los niños del pueblo, entre ellos los hermanos Martínez Hombre y por supuesto Nemesio, que participaba con gran entusiasmo en todas las actividades que se desarrollaban. Probablemente podemos encontrar en esta anécdota infantil el primer antecedente de su clara vocación militar.

Para la familia significó mucho venir a Madrid. Todos sintieron una gran nostalgia que lejos de aminorarse con el paso del tiempo, fue intensificándose cada vez más, aunque sus padres pasaban largas temporadas en su casa de Piloña.

Sin embargo, en Madrid tuvieron una gran acogida. Venían a la casa familiar de sus abuelos maternos, situada en Bárbara de Braganza número 3, que mucho más Larde pasó a ser 7, numeración que hoy todavía conserva. Se trata de una casa de pocos pisos donde solamente alguno estaba alquilado a personas conocidas. Allí vivió mucho tiempo el general de Caballería D. Eduardo Motta, gran amigo de todos y que habría de tener gran influencia en el futuro de Nemesio.

Pero su vocación, sin temor a equivocarnos, donde se despierta es en Infiesto. Su abuela paterna Elisa, tenía un coche de caballos porque le gustaba mucho salir de paseo por los alrededores. Para tirar del coche tenía dos yeguas blancas, «Bonita» y «Pastora». El bueno de Poldo era quien se encargaba de cuidarlas y tenerlas siempre dispuestas, y Nemesio en cuanto le veía entrar en la cuadra por la mañana corría a echarle una mano, estando siempre pendiente de ellas.

A los dieciséis años y a la vista de su vocación militar y de su pasión por los caballos, ingresó en la Academia de Caballería de Valladolid. Desde el primer momento destacó en Equitación donde se entregaba totalmente por lo que sacaba las máximas calificaciones y puestos, con notable diferencia con las demás actividades y asignaturas.

Al salir de la Academia, es destinado al Regimiento Mª Cristina en Aranjuez. En 1918 le mandan a Ceuta como teniente de las Fuerzas Regulares Indígenas, Tercer Tabor de Caballería. Participa en la campaña de Marruecos, dándose la circunstancia de ser el primer oficial español que entra en la ciudad de Xauen. Le concedieron la Cruz de le Clase de la Orden del Mérito Militar y la Medalla de la Paz de Marruecos.

Posteriormente, en 1921 es trasladado a la península, al Regimiento de Lanceros del Príncipe. Dedicado de lleno a la preparación de los caballos, vio colmadas sus satisfacciones al ser nombrado profesor de la Escuela Nacional de Equitación Militar.

En 1932, tomó parte con su regimiento desuñado en Alcalá en los acontecimientos de la insurrección del 10 de agosto bajo el mando del general Sanjurjo.

Al fracasar estrepitosamente el levantamiento, fue detenido, juzgado y enviado a Villa Cisneros durante unos meses. A su regreso volvió a su regimiento en Alcalá y a la Escuela de Equitación.

Desde el punto de vista deportivo destaca como figura de la hípica. Se inició en los concursos de Ceuta y Melilla donde ganó sus primeras copas y trofeos. Fue integrante más larde del Equipo Olímpico Español de Hípica junto con sus compañeros y amigos García Fernández, López de Letona, marqués de los Trujillo, Cabanas, Navarro y Cabanillas. Participó en los Juegos Olímpicos de París en 1924. Una desafortunada lesión, originada por una grave caída, le privó de poder asistir a los Juegos Olímpicos de Amsterdam en 1928 y ganar la Medalla de Oro que consiguieron sus compañeros, primera en la historia del deporte español, siendo por otra parte, el jinete asturiano que más Copas de Naciones ha disputado, con un total de once.

Representó a España en veinticuatro ocasiones. Compitió por gran parte de Europa, obteniendo importantes premios en Inglaterra, Roma, Milán, Ñapóles, Niza, Lisboa, Oporto, Amsterdam, Bruselas, destacando la Medalla de Oro de Italia en Roma, y el Primer Premio de la Copa del Ejército Polaco, en 1926 montando a «Zapatillero», su gran caballo, celebrado en el Concurso Hípico Internacional de Niza. Participaron más de doce naciones y fue nombrado «Mejor Jinete» de todos los equipos participantes durante dos años consecutivos.

Además de Zapatillero, su otro caballo favorito fue «Diestro», muy ligero por lo que podía recortar perfectamente los obstáculos. Ambos eran españoles, y Nemesio les tenia un gran cariño.

En España participó en numerosos concursos y carreras de vallas. Ganó muchas veces, destacando varias Copas de S M. el Rey D. Alfonso XIII, y en 1931 la Copa de la Caballería Española con «Caída». Sus escenarios más frecuentes fueron: Madrid, Barcelona, Burgos, Valladolid, La Coruña y San Sebastián.

Aunque su gran pasión fueron los saltos, formó parte del Equipo de Polo de la Escuela de Equitación junto con los hermanos Sotto y Cabeza de Vaca. Obtuvieron numerosas victorias, entre ellas la Final del Torneo Militar de Polo.

Creó con sus compañeros lo que en el extranjero han llamado la «Escuela Española», que se caracteriza por la aplicación y reforma de la Escuela Italiana, esto es una menor rigidez para adaptarse en cada momento a la situación y circunstancias de cada obstáculo y monta.

Sobresalió como saltador de las famosas «banquetas» que ellos pusieron de moda, e instauraron esta típica modalidad española que consiste en la toma de tierra a metro y medio de altura. Por su gran dificultad, hoy en día han caído totalmente en desuso.

Se le distinguió con distintas Órdenes y Condecoraciones, destacando la Cruz de la Orden Militar de Aviz de la República Portuguesa en 1925.

Su conocimiento de los caballos, la intuición especial para determinar las montas, unido a su entusiasmo, le hicieron una auténtica autoridad en este deporte, del que fue sin duda un verdadero maestro y un enamorado.

Era un monárquico convencido. En 1936 Iba a ascender a comandante pero el 26 de julio, pocos días después de estallar la Guerra Civil, se presentaron unos hombres armados en casa a buscarle. No llevaban orden de detención alguna. Sabiendo perfectamente cuál era su destino, no quiso irse sin ponerse previamente su uniforme. Murió ese mismo día.

Fue un extraordinario jinete, pero su persona lo fue aún más. Queremos insistir en este punto. Sus victorias fueron numerosas y destacadas. Su trayectoria deportiva estuvo sembrada de éxitos. Pero sin duda, lo realmente importante fue su gran humanidad, alegría y generosidad. De carácter extrovertido, tuvo una gran personalidad que dejó huella en aquellos que le conocieron, y fue muy querido por sus compañeros y por todas las gentes con las que se relacionó. Tal fue el cariño que Madrid le tenía, que tras el fin de la guerra, el diario ABC le quiso recordar como «el Jinete del Corazón de Oro».

Desde los años 40. y llevando su nombre se han venido celebrando distintos concursos y carreras en diferentes puntos de España, como La Coruña y San Sebastián. En 1948, Oviedo, al establecer por primera vez el Concurso Hípico Nacional, dedicó una prueba en su memoria, donando su hermano Pablo un trofeo para el jinete ganador, ese año y sucesivos.

En la década de los 70 bajo el patrocinio de la Sociedad Española de la Cría Caballar, se traslada la prueba que llevaba su nombre desde Lasarte a Madrid, disputándose durante la temporada de otoño el Premio Nemesio Martínez Hombre, para gentleman, en el Hipódromo de La Zarzuela, hasta principios de los 90, en que el hipódromo cesó en su actividad.

Infiesto, con gran ilusión, organizó un concurso en 1975. Al año siguiente, consiguieron que ascendieran de categoría, pero ante las numerosas dificultades que encontró la organización lamentablemente desapareció. Una de las pruebas rindió homenaje al jinete piloñés y el año pasado, la Federación Hípica Asturiana, con ocasión del Concurso Ovetense celebrado durante las fiestas de San Maleo, y conmemorando los cincuenta años de su instauración en la ciudad, dedicó también un recuerdo a este asturiano que siempre paseó con orgullo el nombre de Infesto y de España, no sólo en los conflictos armados a los que fue destinado, sino también en cuantas pruebas hípicas y deportivas participó.

Por Elena Martínez-Hombre, sobrina del biografiado. Publicado por la Revista Piloña de la Asociación Cultural Pialonia en los números 23 y 24-Época III-1º y 2º Semestre de 1.999.

6 comentarios:

Urdanautorum dijo...

Bonito homenaje a un caballero -nunca mejor dicho-, que "paseó con orgullo el nombre de Infesto y de España"..., con un triste final.
Un afectuoso saludo.

Anónimo dijo...

Con su historial monarquico, anti-republicano me sorprende que no se uniera al levantamiento. Me pregunto si estaria desencantado de la derecha del momento. La hipica no parece ser un deporte senero hoy dia. Lastima, ya que sin duda el destacaria en el recuerdo de sus victorias.

Johnny dijo...

Con esa "tradición familiar" me llama la atención, que nunca te sintieses atraido por el ejercito en ninguna de sus funciones, te pegaría algo así como los de la serie J.A.G. jejeje

Por cierto, puntualizando el comentario de Urdanautorum (que seruro que fué un despiste) recordar que no paseó el nombre de "Infesto" que suena muy mal, sino el de INFIESTO.

Un saludo.

Urdanautorum dijo...

Perdonad tamaño disparate, que por supuesto es fruto de un mayor despiste a pesar de haber conocido Infiesto por las fotografías de este blog.
Mi agradecimiento a Johnny.
Un saludo

José Enrique Carrero-Blanco Martínez-Hombre dijo...

#Urdanautorum# No te preocupes por haberte comido la "i" de Infiesto.

#Anonimo# Seguramente porque se encontraba en Madrid. Mi abuelo Luis tuvo que salir de Madrid a través de la embajada de Francia antes de recalar en zona nacional.

#Johnny# Mi bisabuelo Nicolás Martinez Agosti fue registrador de la propiedad y abogado, a parte de, entre otras cosas, Alcalde de Piloña. Así que me parece que heredé de él mi vocación profesional.

No creo que los jurídicos de las FFAA sean igual de entretenidos que los abogados del JAG.

Zolnierka dijo...

Es la foto de Martinez Hombre con los caballeros polacos (Niza, 1926)
http://www.zsz.bychawa.pl/patron/slides/hubal036.html