viernes, 25 de noviembre de 2016

LA VIOLENCIA DE GENERO: UN CAMINO LARGO PARA SU ERRADICACIÓN

Hoy se celebra el día contra la Violencia de Género, aunque considero que se debería utilizar otra palabra o expresión, como "desarrollar el día contra la Violencia de Género" o "conmemorar u homenajear a las mujeres que han sido asesinadas o sufren en sus carnes la violencia física o psicológica de sus parejas o ex parejas", porque no creo un día como hoy sea como para celebrar. Tampoco vamos a ser demasiado exigente con el uso de las palabras porque lo que importa es la intención de quien las pronuncia, no su amplitud de vocabulario.

Dicho esto, como todos los que me siguen saben que estoy adscrito como abogado del turno especial de Violencia de Género, para lo que fue imprescindible realizar un curso de especialización exigido por el Gobierno del Principado de Asturias. Pero más allá de ese curso de especialización, que, reitero, resulta obligatorio, la mayor experiencia y formación la adquieres cuando entras en servicio y tienes que asistir a la mujer que ha presentado la denuncia, teniendo a veces que pelear contra viento y marea, sobre todo en la zona rural donde no hay medios materiales y personales suficientes, ni tampoco una formación adecuada, para atender en condiciones óptimas todos los casos, donde la mujer sufre el abandono de sus vecinos que no se quieren mojar y hasta, en algunos casos, de las propias familias. Y ante esta situación adversa tienes que lidiar y te conviertes en psicólogo, en un hombro en el que pueda llorar para desahogar su tragedia y, en definitiva, el único apoyo.

En el turno de los reproches a las políticas que se están aplicando, he de decir que queda bien que los políticos suelten el tradicional discurso o que lean manifiestos en contra de la violencia de género, pero quedaría mejor si a la hora de aplicar políticas o tomar decisiones en este asunto se contase, de verdad, con los profesionales, abogados, jueces, fiscales, policías o guardias civiles, que estamos trabajando en este ámbito. Nosotros sabemos más sobre la violencia de género que todos los políticos juntos y que yo sepa no nos convocan a reuniones ni tampoco se nos consultan.

De esta manera, así se puede entender que no exista un protocolo de actuación elaborado con un mínimo sentido común, en el que a los agentes que van  a recibir la denuncia de la víctima avisen antes al abogado del turno de violencia para que la asista y la aconseje antes de interponer la denuncia, porque a veces ya te llaman cuando ya la ha formulado; las víctimas sean examinadas por un psiquiatra forense a la hora de determinar la existencia de malos tratos psicológicos, cosa que es difícil porque no existe esta figura en todos los juzgados, si acaso en las grandes poblaciones; no existen agentes ni vehículos suficientes como para que puedan vigilar a las mujeres que tienen orden de protección, etc.

Eso sí queda muy bonito, como marketing político, decir que se han aprobado leyes, constituir Órganos judiciales especializados y hasta tener un turno especial en los Colegios de Abogados, que, por cierto, las Administraciones pagan tarde mal y nunca (a día de hoy nos deben el segundo trimestre de este año). Así que si quieren realmente luchar nuestros políticos contra esta lacra, deberían de ir más allá de las declaraciones, manifestaciones y demás gestos, que bien están, pero no son suficientes y deberían ponerla como una verdadera prioridad en su agenda y hacer un esfuerzo presupuestario y hacerlo sin caer en la tentación de caer en peleas políticas ni pretender sacar réditos electorales. Por cierto, quiero aplaudir sinceramente a los concejales del Ayuntamiento de Piloña por haber dejado las disputas políticas a un lado y hayan logrado consensuar un texto entre todos.

Por otro lado, para finalizar, hay otro ámbito en el que se ha de trabajar, y que no quiero dejar olvidado, como es en el ámbito educativo y formativo de los hombres y mujeres del futuro, en el que se les inculque principios tan básicos como respeto e igualdad en los que se han de involucrar tanto las familias, como la Administración educativa y la propia sociedad, ya que poco sirve enseñar estos valores en el centro escolar si en su entorno aprenden malos hábitos como desprecios, insultos y demás comportamientos misóginos. Es, en definitiva, una tarea ardua en la que todos debemos implicarnos.

Twitter  @josecarrerob