Sobre el artículo de la Constitución española que menciona el regidor baenense, sólo voy a citar textualmente su contenido para que cada uno libremente saque sus conclusiones:
1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la Ley.
2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.
3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.
Independientemente de cuál es la interpretación correcta de este precepto, y sin entrar tampoco en cuál es la doctrina jurisprudencial realizada por el Tribunal Constitucional, el problema de los crucifijos y demás símbolos religiosos no tiene nada que ver con la aconfesionalidad del Estado sino con un elemento esencial en cualquier Estado digno de ser calificada como democrático, que no es otro que el respeto. Los símbolos en sí no molestan, no hacen daño a nadie. Sinceramente, ¿a alguien le puede molestar ver un crucifijo, un buda o un in God trust (En Dios confiamos) en los dólares americanos? Yo creo que no debería molestar. Lo que sí molesta, o así lo entiendo yo, es que obligasen a ser creyente o a acudir a un acto religioso en contra de sus convicciones.
Como bien dijo el Alcalde en este vídeo, la religión católica es la confesión mayoritaria, aunque haya mucho no practicante y mucho hipócrita, y añado que España tiene una amplia tradición católica y por eso tenemos un vasto patrimonio cultural de orígen religioso, del cual nos beneficiamos todos, creyentes y ateos. Porque ¿cuánto dinero deja el turismo religioso, como el camino de Santiago, Covadonga o las innumerables y majestuosas catedrales que nuestros antepasados nos han legado? Siendo honrados, habría que estar agradecidos, como también a los romanos, griegos y árabes. Pero si el orgullo lo impide, ¡qué menos que ser respetuoso!
Para acabar, y dando por sentado que no va a servir de nada, pero al menos lo intento, pediría a los políticos que se dediquen sus esfuerzos en trabajar en cosas útiles, no en discusiones bizantinas sobre crucifijos y simbología religiosa. ¿O es que interesa entretener al personal con este tipo de debates trasnochados?